Nuestras creaciones son totalmente nuestras cuando están en proceso de creación y antes de salir al mundo

Sin embargo, cuando nos damos la oportunidad de soltarlas y mostrarlas a los demás, se convierten en algo más. Al entrar en contacto con otros seres, se nutren de ese encuentro, crecen y comienzan a transformarse en algo que ya no podríamos haber creado por cuenta propia.
Recientemente tuve oportunidad de platicar con una preciosa perrita llamada Nina, que acababa de ser mamá. El hermoso ser humano que la adoptó estando embarazada encontró también bellos hogares para todos sus cachorros.
Esta persona quería saber cómo se sentía Nina respecto a tener que separarse de sus bebés. Nina nos contó que se sentía tensa, pero también emocionada.
Tensa porque sus bebés son sus creaciones y su mayor deseo es que traigan belleza al mundo, que sigan creando experiencias hermosas. No le gustaría que trajeran otra cosa: problemas para sus humanos, situaciones difíciles o que se hablara mal de ellos.
Esto correspondía con la intensidad con la que estaba jugando con algunos de sus cachorros. Nina nos dijo que estaba aprovechando al máximo el tiempo que aún les quedaba juntos para corregirlos, enseñarles y hacerles sus últimas recomendaciones antes de que llegara el momento de partir hacia sus nuevos hogares.
Nina agregó un mensaje precioso para su humana:
“Estamos en la etapa en la que solo nos queda confiar. Confiar en que las dos ya hicimos nuestra parte. Yo creé unos seres preciosos y ahora los dejo salir al mundo para que vivan y hagan lo que les toca hacer a ellos. Confiemos en que todo saldrá bien. No son perfectos y, si yo quisiera que lo fueran, nunca estaría lista para dejarlos salir al mundo.”
Este mensaje tan hermoso de Nina me permitió darme cuenta de que las personas muchas veces somos así con nuestras propias creaciones.
Sentimos un enorme entusiasmo mientras están en proceso de gestación, cuando las estamos imaginando, diseñando, construyendo y dando forma. Sin embargo, cuando llegamos a esa etapa en la que se encuentra Nina, empezamos a tensarnos y, a veces, dejamos que el miedo nos invada:
¿Y si al mundo no le gusta mi creación?
¿Y si la dejo salir y ya no tengo el control sobre ella?
¿En qué se convertirá una vez que esté allá afuera?
Si además aparece el perfeccionismo, comenzamos a hacerle pequeños ajustes a nuestras creaciones para “mejorarlas”. Entonces, encontramos nuevas razones para decirnos:
“No, todavía no está lista para salir al mundo.”“Todavía no es su momento.”
Es así como nuestras creaciones pueden quedarse indefinidamente en esa etapa de gestación.
Me parece que Nina nos deja un par de invitaciones muy valiosas:
Cuando llega el momento de presentar nuestras creaciones al mundo, nos toca confiar.
Confiar en que ya están listas para salir, así, con sus imperfecciones.
Confiar en que pueden traer belleza al mundo.
Y, sobre todo, soltar la necesidad de controlarlas.
Es cierto, esas creaciones fueron completamente nuestras mientras las estábamos gestando, pero una vez que salen al mundo, tenemos la oportunidad de permitir que se conviertan en algo más.
Recuerdo que tuve muchas dudas cuando me tocó dar el paso de comunicarme con los animales no solo como una herramienta para mi hogar y mi familia interespecies sino también como una herramienta que pudiera servir a otros.
Fue precisamente Nina (no la Nina de esta historia, sino una de mis tan mencionadas niñas) quien me guio a hacer una publicación al respecto porque era algo muy valioso que otras personas necesitaban conocer.
Hoy me doy cuenta de que aquello que probablemente yo misma gesté se ha ido transformando en algo que jamás habría podido imaginar.
Gracias a todas las hermosas personas y animales que he conocido en este camino, se ha convertido en una hermosa profesión y me ha abierto otros caminos que tampoco habría podido prever.
Y no me arrepiento.
Ya no siento que sea algo totalmente mío.
Creo que es nuestro.
Y, de alguna manera, es todavía mucho más bello de lo que era cuando salió al mundo.




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