Mejorar nuestra relación con los alimentos apoya nuestra digestión
- Lorena Ayala

- 10 sept 2024
- 3 Min. de lectura
A últimas fechas, el tema de la alimentación ha sido muy conversado en mis consultas de comunicación animal y entre mis amistades.
Con justa razón, la alimentación y la industria alimenticia pueden ser muy polémicos en general, pero aún más entre personas amantes de los animales, practicantes de la espiritualidad o conscientes de la sensibilidad e inteligencia que tienen todos los demás seres que habitan este planeta.
Durante mi adolescencia, tomé la decisión de volverme vegetariana por el amor y la conexión que sentía con los animales. Fui vegetariana en una época en la que aquí en México casi no había vegetarianos, al menos entre los miembros de mi comunidad, y siempre fui cuestionada sobre mi decisión de no comer carne y, aunque me apenaba poner en aprietos a las personas que me invitaban a comer al tener que considerar preparar algo “especial” para mí o ir a comer a algún lugar en donde hubiera “ensaladas y comida para conejos”, me mantenía firme en mi decisión a pesar de que tampoco me gustaba ser el centro de atención a la hora de la comida.
Cuando ya llevaba varios años siendo vegetariana, vi un documental acerca del sufrimiento al que son sometidos los animales y las condiciones en las que son obligados a vivir para satisfacer la demanda de la industria y casi di el paso a adoptar un estilo de vida vegano. Sin embargo, mi estado de salud no sólo no me permitió dar este paso, sino que me llevó a olvidarme del vegetarianismo.
Hubo un momento en el que mi sistema nervioso estaba tan abrumado que prácticamente todo lo que comía, por más sano que fuera, era interpretado por mi cuerpo como una amenaza y además de no digerirlo sufría de mucho dolor e inflamación. Al darme cuenta de que las frutas y verduras, que eran la base de mi alimentación, eran los mayores detonantes de inflamación y dolor tuve que, muy a mi pesar, volver a incluir la proteína animal.
Ese paso fue muy duro para mí ya que yo siempre, en mis adentros, juzgué a la gente que comía proteína animal de insensible y poco empática con su sufrimiento. Afortunadamente, en ese entonces ya empezaba a trabajar con energía y así, en mi sanación emocional, mental, espiritual y física pude dejar de juzgarme a mí misma por lo que comía, aunque mi relación con los alimentos todavía no era ideal.
En una ocasión, a mi esposo se le ocurrió que le diera el mismo tratamiento energético que me daba a mí misma, como parte de mi higiene energética, a todo lo que yo estuviera por comer. Fue así que empecé a imaginar un cordón de conexión a la tierra por donde toda la energía de los alimentos que estaba a punto de comer que no estuviera alineada con mi propia energía fuera enviada a la Madre Tierra para reciclarla y, para mi sorpresa, las cosas empezaron a mejorar mucho.
Más adelante, sentí la necesidad de llevar mi práctica de gratitud diaria a la mesa y, entonces, además del tratamiento energético que hacía de los alimentos que iba a comerme, empecé a agradecerles por haber llegado a mi mesa y a recibirlos con amor. Considero que esta práctica tuvo mucho que ver en que pudiera volver a comer de todo.
Un hermoso refuerzo sobre la importancia de no juzgarnos a nosotros mismos ni a nadie más por lo que comemos, llegó cuando comencé a comunicarme con los animales. Uno de mis bloqueos era el temor de no poder comunicarme con ellos por comer carne, pero rápidamente me di cuenta de que a ellos no les importaba en lo absoluto lo que yo comía.
Uno de los sabios perros trascendidos con los que he tenido el honor de comunicarme comentó durante su sesión que, si quisiéramos comer algo completamente libre de sufrimiento, no podríamos comer nada. Afirmó que en alguna parte de la cadena de producción del alimento nos vamos a topar con alguna historia triste ya que todas las partes involucradas en dicha cadena (humanos, vegetales y animales) son seres sintientes capaces de sufrir.
Finalmente, dijo que tiene un gran valor estar presentes con nuestros alimentos al momento de consumirlos y agradecer el esfuerzo de todas las partes que contribuyeron o dieron su cuerpo físico para que nosotros pudiéramos nutrir los nuestros.
Este sabio mensaje me trajo mucha paz y validó muchas de las cosas de las que poco a poco me había dado cuenta y lo comparto con la esperanza de que también le pueda ayudar a personas que no se estén llevando muy bien con sus alimentos o cuyo consumo les esté causando algún conflicto emocional o físico.




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