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La relevancia de la comunicación animal en la modificación de comportamientos

  • Foto del escritor: Lorena Ayala
    Lorena Ayala
  • 13 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

Un tema muy recurrente entre mis consultantes es que su amigo animal presenta un comportamiento que desean modificar. Por ejemplo: agresividad entre hermanos animales o con otras personas, jalones durante los paseos, destrucción de objetos en casa o el uso de lugares no permitidos para hacer pipí o popó.


Preguntarle directamente a nuestro amigo animal por qué está haciendo tal o cual cosa es fundamental y resulta muy útil pues nos permite conocer su punto de vista y descubrir las causas detrás de esos comportamientos. Podemos estar seguros de que siempre hay una causa, y es muy poco probable que tenga que ver con los juicios que, en momentos de desesperación, solemos emitir los humanos: “lo hace para molestarme”, “es solo un capricho”.


Las causas pueden ser muy diversas. A veces son simples malentendidos o fallas en la comunicación. Otras veces, son formas de expresar que algo no está bien: puede haber un desequilibrio físico, emocional o en la dinámica del hogar. Vale la pena recordar que esos comportamientos son, en sí mismos, una forma de comunicación. Nuestro animal recurre a ellos porque, la mayor parte del tiempo, los humanos estamos muy metidos en nuestras cabezas y poco abiertos a recibir información de otras maneras.


Muchas veces escuchar y validar la razón por la cual nuestro compañero animal está presentando cierto comportamiento es suficiente para ver un cambio. Sin embargo, en otras ocasiones es necesario explicarles por qué no queremos que hagan cierta cosa, negociar con ellos, es decir, estar dispuestos a motivarlos de alguna manera si modifican su comportamiento, y, por supuesto, no olvidar las dos palabras mágicas que nos enseñaron desde niños para comunicarnos con amabilidad: por favor y gracias.


No perdamos de vista que, aunque tengan un cuerpo distinto al nuestro, las necesidades de nuestros compañeros animales como seres sintientes no son tan diferentes a las nuestras: ser escuchados, respetados, validados, motivados y amados, entre otras.


La paciencia y la constancia son clave. Nos encantaría tener una varita mágica para “corregir” de inmediato el comportamiento en cuestión, pero todo cambio es un proceso que toma tiempo y repetición.


Si somos honestos, sabemos que incluso entre humanos que vivimos juntos, solemos hacer cosas que irritan a los demás sin darnos cuenta y, generalmente, no basta con que nos lo digan una sola vez. Nuestros seres queridos nos tendrán que decir varias veces aquello que estamos haciendo que no les gusta y para que nosotros respondamos favorablemente, necesitamos que nos lo pidan con amabilidad, sin enojo ni frustración y que nos tengan paciencia.


Así que, cuando tu amigo animal muestre uno de estos comportamientos y sientas que te gana la frustración, recuerda dos cosas:


Primero: ellos están haciendo un gran esfuerzo por adaptarse a nuestra vida doméstica, que evolutivamente es mucho más nueva para ellos que para nosotros. Como especie, los humanos llevamos más generaciones viviendo en ciudades, casas y departamentos. Ellos, durante siglos, vivieron libremente en la naturaleza.


Y segundo: si tienes un vínculo sólido con tu amigo animal basado en amor y confianza, lo más natural es que quiera complacerte tanto como tú deseas complacerlo a él. Como dicen: hablando se entiende la gente. O, en este caso: hablando, nos entendemos todos, animales y humanos.


 
 
 

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